El futuro de más de 12 millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos quedó incierto que nunca después de estancarse.

Los senadores se pronunciaron contra de una moción para finalizar el debate sobre el proyecto de ley y proceder a votarlo, lo que en la práctica permite que el proceso de presentación de enmiendas se prolongue hasta el infinito y la medida no se llegue a someter a votación.

El rechazo, su mayoría por republicanos, pone de relieve las profundas divisiones que la reforma migratoria suscita en el Legislativo y representa una bofetada para el propio Bush, que en la última semana multiplicó sus exhortos e intervenciones personales para que los senadores aprobaran la iniciativa.

El compromiso bipartidista

El proyecto de ley representaba un delicado compromiso entre demócratas y republicanos y abría el camino para legalizar la situación de los cerca de doce millones de indocumentados en Estados Unidos.

Además, establecía un programa de trabajadores temporales como medio para encauzar la inmigración futura y conciliarla con las necesidades de las empresas estadounidenses.

Al final, la medida satisfacía a pocos. Los sectores más conservadores consideraban que los pasos para la legalización equivalían a una amnistía, algo rechazado con vehemencia por Bush, que insistía en que para esa legalización sería necesario pagar fuertes multas.

En tanto, los más liberales opinaban que la iniciativa era demasiado gravosa y perjudicaba los lazos familiares de los inmigrantes.

Los conservadores pudieron apuntarse varias victorias esta semana, especialmente al lograr este jueves la aprobación de una enmienda que eliminaba el programa de trabajadores temporales tras sólo cinco años.

Otra enmienda autorizaba el uso del inglés como idioma oficial, lo que en la práctica eliminaba el derecho a recibir comunicaciones del Estado en cualquier otra lengua.

Tras el fiasco de la noche del jueves, Reid afirmó que intentará volver a presentar en el futuro el proyecto legislativo, pero la Cámara de Representantes ha indicado que no examinará la iniciativa hasta que el Senado la haya aprobado.

De momento, el tiempo no corre a favor de la iniciativa, ya que en agosto el Congreso comenzará sus vacaciones de verano y a la vuelta espera la evaluación sobre la guerra en Irak. Después, como ha advertido ya Bush, las mentes de todos estarán ya en la larga carrera hacia las elecciones presidenciales de 2008.