Las Pandillas Callejeras Carceles de California
Febrero 2012 - La exportación de pandillas de las cárceles en de Estados Unidos a Centro América preocupa a las autoridadesa. Las prisiones en Honduras y otras partes de América Central se están llenando de reclusos que pertenecen a pandillas con raíces en el Sur de California. Los refugiados de las guerras civiles de la región sembraron una nueva generación de violencia en las calles de Los Ángeles durante la década de 1980.

Cuando EEUU incrementó las deportaciones de criminales en la década de 1990, éstos trajeron sus hábitos brutales a El Salvador, Guatemala y Honduras, países con fuerzas del orden público débiles y un sistema penitenciario inadecuado. El resultado fue un crecimiento de la violencia entre los miembros de las pandillas y un abuso generalizado de la policía a medida que las autoridades capturaban sospechosos por tener tatuajes asociados con distintas pandillas. Algunos, como muchas de las 355 personas que murieron en el incendio del martes en Comayagua, ni siquiera habían sido acusados de un delito.

"Era el peor escenario, llegaron a un país que no tenía preparación alguna y no contaba con infraestructura", dijo Frank Flores, detective de la policía de Los Ángeles que ha estado combatiendo las pandillas estadounidenses vinculadas con América Central desde 1999.

Las víctimas del incendio del martes aún estaban siendo identificadas y no estaba claro con exactitud cuántos reclusos tenían lazos con pandillas establecidas en EEUU, siendo la Mara Salvatrucha o MS-13 y 18th Street, las pandillas más conocidas. Pero un informe del gobierno hondureño que se envió este mes a las Naciones Unidas indicaba que el 57% de unos 800 reclusos de la granja penal de Comayagua ubicada al norte de la capital del país centroamericano estaban esperando ser sometidos a juicio o se encontraban detenidos por ser sospechosos de pertenecer a pandillas.

Alberto Mendoza, un recluso que sobrevivió al incendio, dijo el jueves que los miembros de las pandillas MS-13 y 18th Street se llevaban bien en la prisión. Se describió como un antiguo miembro de la pandilla 18th Street.

"Aquí somos parte de la misma comunidad, no enemigos", dijo Mendoza, de 32 años. "(Las pandillas) son parte del pasado. Si alguien las menciona, le mandamos un mensaje y ya no lo hacen nuevamente.

Las pandillas no solo se expandieron de Los Ángeles a América Central. Se expandieron por todo Estados Unidos.

La pandilla MS-13 tiene una cantidad estimada de 30,000 a 50,000 miembros y miembros asociados en todo el mundo, incluyendo de 8,000 a 10,000 en Estados Unidos, según la Evaluación Nacional de Amenazas de Pandillas realizada por el FBI en 2009. Sus "círculos" operan en las zonas de Atlanta, Dallas y Washington, D.C.

Se cree que la pandilla 18th Street tiene aproximadamente la misma cantidad de miembros y se encuentra presente en 44 ciudades y 20 estados de EEUU, según el FBI.

Cuando los centroamericanos arribaron a Los Ángeles, los recién llegados se unieron para protegerse de las pandillas ya establecidas.

"Cuando uno es nuevo en una zona, se vuelve víctima de acosos", afirmó Flores quien, según una acusación federal de 2009, fue acosado por la pandilla MS-13 que intentó asesinarlo. "Se formaron como forma de protección".

Flores considera que la exposición a las atrocidades de la guerra una vez que regresaron a su hogar pudo haberlos hecho más propensos a la violencia.

Jorja Leap, profesor de bienestar social en la Universidad de California de Los Ángeles, dijo que las pandillas centroamericanas son inusualmente violentas, cortan las lenguas de los delatores y las colocan en sus cadáveres.

"Estas son pandillas que infunden temor incluso entre las pandillas", señaló Leap, que las ha estudiado exhaustivamente. "Las autoridades federales trabajan mucho para lidiar con ellas, pero son perniciosas. Son como Medusa. Les cortan una cabeza y crece otra en su lugar".

Los miembros de MS-13 inician a los recién llegados con una golpiza que dura 13 segundos, un ritual conocido como "jumped in" (involucrarse, en inglés).

Los miembros de las pandillas se adornan con elaborados tatuajes de pies a cabeza" que los convierten en objetivos de las autoridades gubernamentales y otras autoridades en caso de ser deportados a América Central. Organizaciones no gubernamentales de Los Ángeles tienen gran éxito quitando tatuajes, una tarea que pueda llevar años y costar miles de dólares.

Walter Magana, de 39 años, ha estado realizándose tratamientos mensuales en Los Ángeles durante un año aproximadamente para quitarse tatuajes de su cuello y manos. Es administrador de programas de Homies Unidos, un grupo que atiende llamadas sin cargo de familias que tienen a sus seres queridos encarcelados en América Central.

Magana, ciudadano estadounidense e hijo de inmigrantes salvadoreños, dijo que un amigo fue deportado a El Salvador y nunca fue ubicado. Otra persona deportada fue encontrada muerta con heridas de bala. Nunca nadie fue arrestado.